Regálame tus lágrimas

La otra noche, presenciaba un momento muy duro en la vida de una mujer. La situación fue muy delicada y me acerqué a ella intentando, simplemente, estar. Hay momentos en los que el silencio, un beso y el brazo por encima de los hombros, bastan. Comenzó a temblarle la barbilla, pero no se atrevía a culminar sus sentimientos. Llorar está mal visto, es como desnudarse, pensé. Llorar deja a la intemperie tu debilidad, tu infelicidad o tu emoción. Hemos venido a un mundo en que podemos permitirnos pasar por el lado de alguien sin saludar, podemos insultar al del coche de delante porque nos estorba, podemos incluso vivir nuestra vida de espaldas a los demás, y no conlleva la vergüenza que supone llorar en público. Llorar está mal visto, evidencia la tristeza y es como si hubieses fracasado en algo. No queremos llorar porque se arruga el rostro, porque se nos descompone la cara, porque se nos corre el rímel, porque soy un hombre echo y derecho, porque soy fuerte y he venido a poder con todo, porque van a pensar que soy una blanda, porque pongo a los demás en una situación incómoda. Por mil razones no queremos llorar y mostrar a los demás nuestras lágrimas. He visto muchos ojos tiritar mientras les recito un poema, intentando resistir sin desbordarse y siempre les digo lo mismo:

Regálame tus lágrimas

-Regálame tus lágrimas para que salvemos al mundo. No me prives de lo más puro que tiene un ser humano. Demuéstrame que no está todo perdido, que aún hay gente que llora. Muéstrame que eres débil, que te caes y que a veces no te quedan fuerzas para levantarte. Hazme ver que aún queda gente íntegra que se emociona con un verso, con un beso, con una palabra, con un vídeo, con una canción, con una película, con una situación, con una dificultad, con un brazo por encima del hombro. Lloremos abiertamente, como personas decentes. Deberíamos convocar de vez en cuando a la familia, a los amigos, y decirles:-!A ver cuándo nos reunimos que voy necesitando llorar¡. Llorar depura, ennoblece, dignifica, humaniza. Estaba pensando todo esto en silencio, con el brazo por encima del hombro de una mujer a la que le temblaba la barbilla y dejé caer dos lágrimas grandes. -No llores, me dijo ella a mí, y rodeó mi cuello. -Es mi pequeño regalo para ti, le contesté. No tengo nada más hermoso que entregarte. Y entonces ella me regaló también las suyas y estuvimos un rato abrazadas en silencio, sintiéndonos pequeñitas, tristes, desnudas, débiles, infelices...eso que es tan necesario de vez en cuando para saber que la humanidad, aún tiene remedio.

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Alhama de Murcia, Murcia, España

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