EL TUNEL DEL TIEMPO



PARA LA HUMANIDAD DOLIENTE. Así reza una frase encima de la puerta principal del hospital civil Fray Antonio Alcalde de la ciudad de Guadalajara en México. Después de cumplir con nuestro trabajo en la FIL, entrevistas, presentaciones, etc., llega el momento de pasar dos días con unos amigos del alma en la ciudad de Guadalajara. El doctor Guillermo Gutiérrez me conoció hace dos años a través de un poema que llegó a su móvil, el video de mi pequeña comiendo chicle y recitando conmigo "instrucciones a mis hijos". En estos dos años hemos mantenido el contacto siempre, el ha hecho las veces del padre que perdí tan pequeña y yo, un poquito, como he sabido, las del hijo (hija en este caso) que el perdió tan temprano también, Nicolás, y que siento como un hermano cuando Guillermo habla de él. Ha sido uno de esos momentos deseados desde hace tiempo. Él viaja desde Phoenix (Arizona) al encuentro. Nos instalamos en casa de una de sus hermanas, Refus, y nos presentan a parte de sus diez hermanos. Faltaban nuestros hijos para que aquel sitio fuese definitivamente nuestro hogar. Guillermo nos propuso varias opciones, pero enseguida nos decantamos por la de visitar el hospital de los pobres. -Ahí están los olvidados de los olvidados- nos dijo. Hizo una llamada a su gran amigo (y ahora nuestro), su tocayo Guillermo Yanowski, cirujano de ese hospital, y él lo dejó todo para mostrarnos cómo trabajan. El hospital lo fundó Fray Antonio Alcalde, español , ese gran hombre que quiso dar un sitio a los "nadies", a los que sobran, a los que afean la ciudad. Hay en ese hospital, dos partes bien diferenciadas: la parte más actual, más moderna, y a través de un pasillo que llaman EL TUNEL DEL TIEMPO desembocas en un mar de dolor. Gigantescas habitaciones llenas de camas, cada una de una forma, que han ido donando desde diferentes lugares. Goteros en desorden, vendajes, deformaciones, miseria, miradas sin brillo, la cabeza de una madre pegada a la de su hijo, convocándolo a vivir, con los ojos cerrados, intentando darle su vida por los poros de su frente. Ancianos escondidos tras sus largas barbas blancas. Gente sola, que ya no puede más. Gente tan sumamente triste, que iban hiriéndonos con su mirada opaca y seca. Y empezamos a sentirnos tan pequeñitos y ridículos, que nos avergonzaba mirarlos fijamente.- Sí, yo soy esa que creyó que pasar un cáncer de mama, que perder a una madre, a una cuñada, a un padre, que tener problemas de todos los colores, me hacía exclusiva. Y ellos me miraban, y escuchaba en su mirada una voz que decía: -Tú no tienes ni idea de hasta dónde puede azotarte la vida. Gracias, GUILLERMOS, por hacernos cruzar "EL TÚNEL DEL TIEMPO" para hacernos ver lo bien que vivimos a este lado del pasillo.

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Alhama de Murcia, Murcia, España

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